LA IGLESIA QUE TRAJO LA MAR

8. Mi Virgencita

Fotografía y texto. Diana  Rivera P.
Es menester decir, que en este país, donde lo real se asemeja más a lo irreal, a lo cual nos hemos acostumbrado bastante, nadie se salva de los infortunios del destino y el paso de los años, ¡NADIE! ni la Virgen del Carmen, imagen venerada en el municipio de Puerto Colombia, a quien en el año 2001 le detectaron que su base tenía comején, huecos en la cabeza y una hendidura en la pierna. La imagen fue metida en una cápsula durante 8 días para aliviarla de los huevos del comején y se decidió unánimemente someterla al asilo intermitente del público, realizando una réplica de la misma, para no negarle a los feligreses del Monumento Histórico y Cultural de Puerto Colombia, la iglesia Santuario Mariano, la dicha de visitarla y verla todos los días en espera de su ayuda milagrosa. Y con las ganas incesantes de quien escucha un chisme mañanero y quiere saberse hasta el último detalle, me puse en la tarea de investigar qué había detrás de este personaje con una experiencia tan desconcertante.
Esa misma tarde, siendo las 4 pm, el sol, cansado, iba descendiendo hasta tocar el mar, y el calor sofocante que se concentró durante todo el día iba desvaneciéndose para darle paso a esa brisa ligera que levanta las faldas, hace volar los sombreros y refresca al sediento. Llegué a la iglesia con la expectativa de quien ve por primera vez un lugar, posé mis ojos sobre las puertas no tan imponentes pero con esa magia como de quien guarda algo apoteósico, austero y mesurado. Luego, al entrar, me recibieron de fondo las voces de súplica de algunos feligreses del pueblo orándoles a un Dios y a una Virgen que no han visto, pero de quienes creen con todo fervor. Fui descubriendo el color madera tropical de sus ventanas, las baldosas con mosaico hidráulico y aquellos bancos largos, duros y delgados imborrables en la mente de todos aquellos que nacieron en el país del Sagrado Corazón; finalmente, subí por el espiral de las escaleras dirigida a la altura perfecta donde pude ver, en ángulo recto, a la artífice de esta historia acompañada de dos ángeles estampados en vitrales.
Una vez salí de allí, no había bajado dos escalones cuando un muchacho robusto y alto me asaltó con la pregunta de qué necesitaba, de inmediato yo con suspicacia resumí la imperiosa necesidad de encontrar algún tipo de información que me llevara a escarbar los secretos más profundos del camino recorrido por la virgen. Al ver su cara, mi predisposición a la dificultad de lograr el cometido se acentuó pero con cierta facilidad y agilidad en sus movimientos e indicaciones, aquel hombre, sin darme cuenta, me hizo llegar a la casa de la señora Carmen, profesora desde hace mas de 30 años en el municipio y quien me podría facilitar cualquier dato por mínimo que fuera. Al entrar allí, vi que la religión abundaba por todas partes: cuadros, cruces, una que otra estatua y algunos libros eran los objetos que se podían ver a todas luces, sin embargo, doña Carmen luego de invitarme a sentar en su mecedora, contarme de su profesión, la de su hija y la de su hijo, quien es párroco de una iglesia de Barranquilla, terminó por volver al inicio de la conversación y confesarme su incapacidad de poder ayudar, por falta de documentación, no sin antes darme nuevamente indicaciones para llegar al hogar de la señora Pastora Ariza, de quien, quizá y finalmente, obtendría información.
Fue así, como faltando un cuarto para las seis oí las campanas retumbar en mis oídos avisando la eucaristía, recordándome alguna época de mi niñez, salí y me dirigí cuidadosamente por los laberintos de las calles Porteñas, logrando ubicar la casa verde con rejas café que queda al frente de un colegio y al lado de las oficinas del acueducto. Al tocar el timbre, la señora Pastora Ariza me recibió con su bata larga, de un color verde más vivo que cualquier manzana, llena de flores de todas las formas y con un folio en sus manos que contenía todo lo que necesitaba. Esto se puso mejor, cuando ella con una voz entusiasta y con aquellos gestos de quien va contar una historia que concierne a todo el universo, inició advirtiéndome que el fortalecimiento de la fe en el municipio y el origen de la construcción de la iglesia Santuario Mariano, fue un milagro, un milagro con todas las características de un territorio que en sus años mozos estuvo conectado al mundo entero gracias a su esplendoroso muelle. Me contó que en 1903 la imagen de la Virgen del Carmen llegó al puerto Marítimo de Puerto Colombia dentro del Mala Real, un barco español de origen Barcelonés; Lo curioso fue que hasta 1905, en medio de una limpieza general de los patios y depósitos del puerto, los trabajadores encontraron en un huacal abandonado la esplendorosa imagen tallada en madera, de cabellos largos, cutis blanco y de 1.90 centímetros; Esto lo reiteró, mostrándome una copia de una noticia de muchos años atrás, donde se leía que era la más hermosa mujer nunca antes vista, con tal elegancia que ningún ropaje era capaz de quedar a su altura ni ninguna corona era digna de adornar su cabellera larga y hermosa, ustedes podrán comprobarlo con sus propios ojos. Así fue como esta mujer extranjera, concluyó ella, venida de tierras lejanas, llegó para quedarse en el corazón de todos los habitantes.
Pastora Ariza se levantó de su silla, duró un instante escrutándome con sus ojos de experiencia y viendo que mis manos no soltaban ese tesoro de resúmenes, copias de noticias, folletos, papeles notariales, una lista de todos los párrocos que habían pasado por el templo y 15 fotos que rememoraban los recuerdos más profundos, me dejó allí, debajo de la sombra de un árbol para seguir descubriendo que en sus inicios la Virgen del Carmen tuvo que pasar por otros lugares antes de obtener una casa propia y digna de ella, sin esto significar que la casa de adobe y techo de paja ubicada al pie del cerro Cupino, a un lado de la carrera Benjamín Herrera – antiguo cementerio municipal, donde en sus comienzos se reunía la congregación con ayuda del hogar de la señora Vicentica Peñate De Ariza, quien guardada la Virgen con el resto de ornamentos religiosos – fuese impropio para tal fin. Lo que pude concluir fue la necesidad de que la imagen tuviese una iglesia con tal magia como la de hoy, es por esto que en 1903 se compró el terreno donde está el templo, en 1922 se inició su construcción, en 1985 se continuó con la misma y en 1995 debido al abandono y a los azares del invierno se debilitó toda la infraestructura, originando la necesidad de crear el Templotón, actividad donde se recogieron fondos para su restauración, repitiéndose éste en 1996.
Ya con un lugar restaurado, la Virgen del Carmen entonces podría, como se ha venido haciendo, recibir la veneración que se merece por parte de los creyentes más fieles, antiguos y nuevos dentro del Santuario Mariano y de vez en cuando, cada año, sacarla a pasear por todo el municipio, a cuestas de quien se le mida y tenga el privilegio de llevarla en sus hombros para recordar y celebrar su importante trayectoria en la historia de Puerto Colombia.
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